lunes, 25 de enero de 2010

LA NAVIDAD

La navidad en Galicia
Como no podía ser de otra manera en esta tierra de Galicia, la Navidad está llena de magia… En estas fechas conviven amigablemente tradiciones cristianas con los ritos y leyendas que habían traído a este rincón de la península aquellos primeros pobladores celtas. Cuentan que durante estas fechas los celtas celebraban la festividad del solsticio de invierno que recibía el nombre de Yule, momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo. Posteriormente, durante la Edad Media la Iglesia fijó la fecha del 25 de diciembre como la del nacimiento de Jesús para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno y más a las celebraciones religiosas. Como en casi todos los sitios, la Navidad en Galicia es sobre todo una fiesta familiar en la que la mayoría de los gallegos retornan a sus aldeas y lugares de origen para comer y cantar panxoliñas (que es como se denominan aquí a los villancicos) en la casa familiar. Pero además, cuenta la leyenda que durante el día de Nochebuena (noiteboa) también acuden a esa casa los antepasados familiares a calentarse en torno al fuego en ese rincón tan entrañable y acogedor de la casa gallega llamado lareira. Hay una tradición navideña gallega llamada Tizón o Cepo de Nadal que consiste en poner al fuego en Nochebuena un madero grueso, generalmente roble, y dejarlo arder sólo hasta la mitad. Luego se aparta de la lumbre y se guardan los carbones, a los que se atribuyen propiedades mágicas, y en los días de tormenta se sacan y echan al fuego para proteger la casa de los rayos o el pedrisco. El origen de esta tradición está en la festividad de Yule, durante la cual los celtas recogían un leño antes del solsticio y lo guardaban hasta que, unos días antes de la festividad, lo adornaban con piñas de conífera, acebo, hiedra y muérdago, lo que parece que puede ser el origen del árbol de Navidad. Después de varios días adornado y colocado en un lugar de honor del hogar, para que todos los miembros de la familia pudieran tocarlo y dejarle golosinas y regalos, el leño se prendía al ponerse el sol la noche del solsticio (normalmente era la madre quien prendía el fuego) y se quemaba lentamente. Sus cenizas se guardaban con veneración, ya que se decía que podían curar enfermedades, y se solía guardar algún resto carbonizado para encender el fuego del leño del año siguiente. De esa tradición proceden también los dulces en forma de tronco de mazapán que se comen en Navidades en Galicia. De la gastronomía les contaré que como en Galicia no se entiende una comida navideña sin la presencia del marisco, en estos días adquieren la condición de imprescindibles en la mesa los centollos, nécoras, cigalas, vieiras, bogavantes o percebes, acompañados, naturalmente, por un vino Albariño bien frío. En la cena de Nochebuena, lejos de corderos, cochinillos o besugos, la tradición manda cenar bacalao cocido con coliflor y regado con aceite crudo o ajada, acompañado siempre por un buen Ribeiro. Esta costumbre tiene su origen en el antiguo carácter de vigilia de esta fiesta, en la que la Iglesia prohibía comer carne. En la comida de Navidad, sin embargo, el protagonismo se lo lleva el Capón de Villalba relleno y acompañado de castañas cocidas. Para los que no los conozcan, el capón es un pollo cebado de una forma especial, que llega a alcanzar el peso de unos 15-20 Kg, y son típicos del pueblo lucense de Villalba, donde cada 21 de diciembre se celebra la Feria del Capón a la que acuden compradores de toda España. El postre es a base de típicos dulces de navideños como turrones, mazapanes y mantecados, además de frutos secos como uvas pasas, higos secos, dátiles, orejones de albaricoques, nueces, avellanas y almendras, acompañados de una copita de cava.

No hay comentarios:

Publicar un comentario